lunes, 1 de mayo de 2017

Breve historia de los aspectos planetarios y reflexión.

Esta es una muy breve historia de los aspectos planetarios, según la tradición occidental, la cual trascurrirá en cuatro etapas: clásica, medieval, renacentista y contemporánea. El tema de este artículo sólo es una excusa para concluir una reflexión final que quiero expresar. Aviso de antemano que aquí no se tratará el significado específico de los aspectos, sino los detalles de su uso general a través del tiempo.


Antes de inicia quiero hacer una pequeña mención a los tiempos pre-aspectos, por decirlo así, pues la concepción moderna que tenemos es bastante diferente. En los tiempos sumerio-babilónicos es muy poco común ver referencia a algo que podamos identificar con los aspectos modernos. La configuración y el movimiento de los planetas se medían principalmente en relación al Sol o al horizonte. Términos como oriental, occidental, estrella matutina, por sobre el horizonte tenían prioridad sobre lo demás.
Ahora, por etapa clásica entenderemos desde los comienzos de la Edad Media (siglo V) hacia atrás. Cada vez más personas están al tanto de la concepción clásica –concretamente helena– de los aspectos. Esto es: aspectos de signo entero, y recordemos que la etimología de la esta palabra significa mirar. Supongamos una cuadratura; en esta concepción no importará si un planeta está a 0º de Aries y otro a 29º de Cancer, se trata de una cuadratura, pues ambos planetas están en signos que se miran por cuadratura. Esta es la noción básica.
A lo anterior debemos añadir algunos elementos más, como la concepción de los aspectos diestros y siniestros; la concepción de los planetas que miran hacia adelante, y aquellos que lanzan sus rayos; la concepción de la superioridad; etc. Mas como sea, la idea principal es la descrita en el párrafo anterior, aunque hay un concepto añadido: a más cercano el aspecto de su grado exacto, más fuerte e importante era. Lo anterior se evidencia en los astrólogos árabes que heredaron las doctrinas clásicas. Ejemplo:  

“De hecho, los aspectos de los planetas vienen a ser en los signos especificados, los cuales son siete. A saber: el tercero [desde el inicio de la cuenta], el cuarto, el quinto, el séptimo, el noveno, el décimo y el onceavo. Y [un planeta] mira todos los grados del signo por entero y cualquier cosa que se encuentre en él (planetas, partes o demás).
Y el aspecto a cualquiera de estos signos será más fuerte en tanto se acerque al número exacto de grados, según el signo: 60, 90, 120 y 180 grados iguales. Pero si se aleja de este número de grados, el aspecto será más débil”.
Gran Introducción, VII, 5
Abú Ma’Shar 

Durante el medievo, y específicamente en la Alta Edad Medina, época dorada del mundo musulmán, se sumaron a la doctrina nuevas consideraciones sobre el uso de los aspectos. En concreto la atención se fijó en el movimiento vivo de los planetas. Aparecieron las nociones de aplicación, perfección y separación, cobrando tal importancia que los aspectos llegan a considerarse existente mientras el planeta rápido aplique al planeta lento.  

“Pero la conjunción de los planetas entre sí es cuando un ligero se une a otro más lento. Y esto viene a suceder de ocho maneras, a saber: la conjunción que viene a ser en un signo y las siete conjunciones por aspecto.
Así, la conjunción en un signo es cuando dos planetas están en movimiento directo en un signo, y el más ligero en velocidad se encuentra en un grado menor que el más pesado. Entonces, mientras el más ligero en velocidad se mantenga en un grado menor que aquel del más pesado, aquel se dirigirá a la conjunción de éste, en la unidad del signo. Y una vez que aquel se encuentra con éste en un solo grado y minuto, aquel perfeccione su conjunción con éste.
[…]
Y si un planeta estuviera conjunto a muchos planetas, en un número variado de grados, y si aquel fuera más ligero que los demás, aquel estaría unido al planeta más cercano”.  
Gran Introducción, VII, 5
Abú Ma’Shar 

Otro añadido de los árabes fue el magistral uso de la recepción, con lo cual se completa la ahora perfeccionada doctrina de los aspectos. En esta época se logró la comprensión ideal del movimiento de los planetas y su significado, se generalizaron términos como asamblea, vacío de curso, feral, conexión, trasferencia, recolección, bloqueo, escape, obstrucción, retorno, recompensa, generosidad, etc., términos que de hecho nos parecen familiares y obvios. Por otro lado, aunque desde Ptolomeo tenemos la idea de que el trígono y el sextil son aspectos harmoniosos y la cuadratura y la oposición no, fue a penas en esta época que tal concepción cobró su importancia central.
Si el mundo greco-egipcio representa la juventud, y el medievo la edad de madurez y plenitud, el renacimiento es la vejez. La principal característica del renacimiento –referente al tema– es la populización de los orbes. Ya los árabes habían desarrollado la doctrina de los orbes, pero debido a que éstos le daban prioridad a la aplicación, se extendiera los grados que se extendiera, términos como moiety o fuera de orbe aparecieron y se afianzaron hasta a penas la Edad Media tardía.
Finalmente, la modernidad viene a significar la senectud y la decadencia. Esta etapa se caracteriza por desentender, negar y desconocer todas las bases clásicas y los avances realizados en el medievo. Kepler y Morin de Villefranche sembraron la semilla que en un futuro acabaría destruyéndolo todo, introduciendo los “aspectos” de quintil, biquintil, decil, tridecil, semicuadratura, sesquicuadratura, semi-sextil y quincuncio. Esto, junto con la preponderancia que, en general, el renacimiento le dio a los orbes, llevó a la corrupción de la doctrina y aquellos pasaron a ser parte del aspecto, no del planeta. Ambiento llegado este punto, cada autor determinó el tamaño de los orbes según su consideración subjetiva, no según criterios astronómicos. La relación de los signos y sus naturalezas dejaron de ser la base donde se sustentaba la doctrina entera, pasando a ser una cuestión meramente angular. Así, un planeta a 2º de Aries y otro a 27º de Géminis formaban una cuadratura. Se inventaron supuestas teorías sobre armónicos, se diseñaron softwares que entregaban todo tipo de tablas y ventanas de siclos; ya nadie recordaba qué era una cuadratura diestra, una trasferencia, o una relación latitudinal. Es así como esta historia termina, a finales del siglo XX y un saber de más de dos mil años de antigüedad caído en desgracia.  

Antes de terminar quiero decir que soy un tradicionalista en muchos sentidos, creo en los siclos, y no me extraña que esta historia se corresponda con las etapas del crecimiento orgánico. Pero así como después de una muerte nace otra vida, así esta historia ha de tener una final feliz. Cualquiera con acceso a internet va cayendo en cuenta que la “astrología” moderna murió con el último siglo. En su lugar está surgiendo poco a poco, tímidamente, un movimiento de recuperación casi arqueológico. Los más antiguos textos se traducen, las técnicas se recuperan, los conceptos vuelven a generalizarse, los errores se corrigen y todo se adapta a las particularidades del mundo contemporáneo. Hay muchas malas interpretación, como se puede esperar, muchos desentendidos, pero con disciplina, rigor y honestidad, este nuestro arte podrá, seguramente, volver a ser la ciencia de los sabios que fue un día.
Pensé escribir este artículo únicamente para hablar sobre la aplicación de los aspectos en el mundo árabe, pero ahora, en la generalidad, quiero concluir diciendo lo siguiente. El propósito de la astrología fue, desde un principio, conocer el futuro de los reyes y los reinos. ¿Para qué? Pues obviando que el señor en turno quería mantenerse en el poder cuanto tiempo pudiese, deseábamos conocer su destino y el de su reino con ánimo de velar por el pueblo que vivía ahí. Es velar por el futuro de los pueblos –y luego de las personas en particular– lo que le da sentido al arte astrológico. Así, pues, hemos de seguir adelante con nuestro estudio.

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