domingo, 2 de julio de 2017

Cita: El número de planetas maléficos

De la siguiente cita quiero rescatar un concepto que por lo general se pasa por alto: el verdadero número de maléficos que puede haber en una carta. Ya el mismo Ptolomeo decía en el Tetrabiblos que el Sol y Mercurio pueden ser ya benéficos, ya maléficos, según los aspectos que hagan. Ignoro por qué la práctica totalidad de astrólogos modernos, incluyendo los que se hacen llamar tradicional, pareciera que ignoran este hecho. Omar de Tiberíades, en su tratado sobre natividades, nos reafirma este concepto y lo bautiza, clasificando los tipos de maléfico. Principalmente: naturales y accidentales  

“Sabe que no puede haber más de seis puntos malos*. Los primeros dos son los maléficos, a saber, Saturno y Marte; y el tercero, Mercurio, cuando está con aquellos o en su naturaleza por aspecto. Y el cuarto es el Sol, expresamente cuando está con Marte, o en su aspecto cuadrado, o en oposición, o en su sextil, o cuando hay un aspecto de trígono de un planeta infortunado hacia él; el Sol también se vuelve maléfico de manera similar con Saturno. Pero el quinto de los planetas malos es la Cabeza [del Dragón], y el sexto, la Cola [del Dragón]. Y sabe que los planetas malos son necesariamente seis, pues dos son maléficos por naturaleza, Saturno y marte; dos por accidente, Mercurio y el Sol; y dos por locación, la Cabeza y la Cola. Sabe que todos estados han de ser justo como he dicho aquí”. 

*El original en latín es mali, que se tradujo al inglés por ‘evil’, para diferenciarse de malus, que comúnmente se traduce como ‘maléfico’.

 

3 comentarios:

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    1. De mi propia cosecha podría compartir lo siguiente, columna que escribí para la International Society of Classical Astrologers:

      ¿Por qué hablar de planetas benéficos y maléficos? ¿No nos predispone a concebir la existencia desde un punto de vista negativo? Los astrólogos de la antigüedad no tenían ningún complejo a la hora de reconocer que en la naturaleza existe una dualidad evidente de luz y oscuridad, de vida y muerte, de fuerzas creativas y destructivas. De Zoroastro a Heráclito, de Viasa a Hermes, el reconocimiento del dualismo cósmico es fundamental en todas las reflexiones sobre la madre naturaleza, tanto en oriente como en occidente. Negar la realidad objetiva para correr al refugio de una acolchada interpretación subjetiva no suprime la indiscutible polaridad que organiza la estructura del universo.

      Como he señalado tantas veces, la astrología tradicional posee una fuerte raíz filosófica. Las cualidades primitivas de la naturaleza, desarrolladas por Aristóteles, son de especial relevancia para entender el porqué ciertos astros son benéficos y otros maléficos. Para la física aristotélica todos los entes pueden ser reducidos a cuatro cualidades esenciales que dan cuenta de su naturaleza intrínseca, a saber, las cualidades de lo caliente, lo frío, lo húmedo y lo seco. De la combinación de lo caliente con lo seco surge el fuego; de lo frío con lo húmedo surge el agua; de lo caliente con lo húmedo surge el aire; y de lo frío con lo seco surge la tierra. Son estos cuatro elementos los que otorgan substancia a todo cuanto existe, incluida la naturaleza esencial de los planetas. En este contexto, Saturno es frío y seco; Júpiter es caliente y húmedo; Marte es caliente y seco; el Sol es caliente y seco; Venus es frío y húmedo; Mercurio es frío y seco; la Luna es fría y húmeda.

      Cualquier persona que tenga algún conocimiento básico sobre agricultura, o que haya observado por algún tiempo las condiciones de la natura, sabrá que lo caliente y húmedo (selva) es muy favorable para la vida. Lo frío y húmedo (costa) también es propicio, pero ya no tanto. Lo caliente y seco (desierto) suele entorpecer el desarrollo de la vida, mientras que lo frío y seco (tundra) resulta terriblemente hostil para todo lo vivo. He aquí el porqué existen planetas designados como benéficos y maléficos. Júpiter es el gran benéfico porque es moderadamente caliente y húmedo. Venus es el benéfico menor porque es moderadamente frío y húmedo. Saturno es el gran maléfico porque es extremadamente frío y seco. Marte es el maléfico menor porque es extremadamente caliente y seco. El Sol es relativamente benéfico porque es moderadamente caliente y seco, pero puede actuar como maléfico cuando aumenta mucho su calor. La Luna es relativamente benéfica porque es moderadamente fría y húmeda, pero se vuelve maléfica cuando se encuentra en fase menguante. Finalmente Mercurio es cambiante según los accidentes y condiciones con los que se relaciona, siendo variablemente frío y seco. Es así que en astrología, benéfico es lo favorable a la vida y maléfico lo contrario a ella.

      Si más de tres mil años de minuciosa observación de la naturaleza por parte de filósofos, astrólogos y alquimistas no resulta lo suficientemente convincente, haga usted mismo sus propias observaciones para corroborar o descartar la existencia de una realidad natural más allá de las necesidades subjetivas del ego humano. Por supuesto, aceptamos la existencia de quienes no quieren lidiar con la realidad, prefiriendo aquello que les haga sentir más seguros. No queremos arrancarles bruscamente de dicha posición. Estas palabras van dirigidas a quienes desean salir del laberinto psicológico y mirar más allá de las estrategias defensivas que utiliza el yo para lidiar con su ansiedad ante el mundo. La naturaleza existe y puede enseñarnos muchísimo, pero para ello hemos de perder el miedo y aceptar la existencia con sus luces y sus sombras. La vida es dualidad. Negar el dualismo es una de las raíces de la neurosis; trascenderlo es la meta del sendero espiritual.

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  2. Hola, Pablo Ianiszewski.

    Enriquecedor y bien recibido es tu comentario. Gracias por leer y aportar a este espacio.

    De igual modo, muy elogiable es tu artículo.

    Un saludo cordial.

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